Hay algo que hemos normalizado demasiado en muchas iglesias: la impuntualidad para comenzar los cultos.
Anunciamos que el culto comienza a las 7:00, pero son las 7:10, 7:20, 7:30… y todavía estamos esperando “a que llegue la gente”.
No debería ser así.
Primeramente, a Dios.
Si apartamos una hora para congregarnos, adorarle y escuchar su Palabra, ¿por qué tratamos ese horario como si no importara?
Somos capaces de llegar temprano al trabajo porque sabemos que hay consecuencias. Llegamos con tiempo al aeropuerto porque el avión no nos espera. Respetamos la hora de una cita cuando consideramos importante a la persona que nos espera.
Pero para el culto decimos:
“Tranquilo, eso nunca comienza a la hora”.
Y aquí también tenemos que hablar del liderazgo.
No podemos culpar eternamente a la congregación.
Si durante meses anunciamos las 7:00 y comenzamos a las 7:30, fuimos nosotros quienes enseñamos que llegar a las 7:00 no era necesario.
Si esperamos siempre a los que llegan tarde, terminamos castigando a los que hicieron el esfuerzo de llegar temprano.
Y después preguntamos:
“¿Por qué nadie llega puntual?”
Porque aprendieron que nosotros tampoco comenzamos puntual.
La impuntualidad constante no siempre es un problema de reloj. Muchas veces revela desorden, falta de disciplina, mala planificación y poca consideración por el tiempo de los demás.
Y eso no solamente se ve en la iglesia.
Una persona que vive llegando tarde a todo, incumpliendo horarios y haciendo esperar constantemente a los demás deja mucho que decir de su carácter y de cómo administra su vida diaria.
En una ocasión leí en un libro de finanzas “nunca hagas negocios con impuntuales” eso quiere decir que ser impuntual te cierra puertas.
No estamos hablando de una emergencia, tráfico inesperado o un imprevisto. Eso le puede suceder a cualquiera.
Estamos hablando de la persona que hizo de llegar tarde su manera de vivir.
Y desde el liderazgo debemos dar ejemplo.
No podemos predicar orden y dirigir con desorden.
No podemos exigir responsabilidad y ser irresponsables con los horarios.
No podemos pedirle puntualidad a la iglesia cuando el pastor, los músicos, los servidores o quienes dirigen aparecen cuando quieren.
1 Corintios 14:40
Si llegaron diez, comenzamos con diez.
Si llegaron cinco, comenzamos con cinco.
No necesitamos esperar a que se llenen las sillas para honrar a Dios.
Por respeto a Dios.
Por respeto a su obra.
Por respeto a los demás.
Y porque la puntualidad también es asunto de carácter.

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